martes 23 de junio de 2009

Homenaje al Chueco


“Yo vivía en Batán, un pueblito cerca de Mar del Plata, y mi abuelo era sereno en una de las estaciones de servicio de Juan Manuel (Fangio). Y bueno, en aquella época se decía que yo era bueno porque en las Cafeteras me iba bien. Un día vino Juan Manuel con un Torino, con tres carburadores Weber; prácticamente era un TC. Y me llevó por un camino de tierra hasta cerca de Sierra de los Padres. Ese tramo tenía saltos de badenes, curvas, muy lindo, y yo por suerte lo conocía muy bien. Y ahí me di cuenta que yo no sabía manejar nada; fue algo que me deslumbró, impresionante. Pero mi sorpresa más grande fue cuando paró el auto, nos bajamos, y me dijo `bueno, ahora manejá vos´. En el primer badén salimos volando pero después fui mejorando y él me decía con la mano izquierda que estaba todo okey. Hasta que llegamos a una curva, denominada de Los Manzanares, que yo la hacía con la camioneta a 160 km/h. Obviamente que la pasé a un poco más. Una vez que la pasamos lo miro a Juan y esbozó una sonrisa…Cuando llegamos al asfalto, me dice `ahora te voy a enseñar a manejar en asfalto´. Hicimos un montón de kilómetros y me enseñó muchas cosas, como cómo pasar pozos a alta velocidad, dónde y cómo frenar, muchas cosas. La cuestión es que volvimos y fuimos a una cabina telefónica. Llamó a Alta Gracia y le dijo a Oreste (Berta) que me recibiera”.
El relato pertenece a Juan Carlos Papovich, ex piloto, hoy preparador, a quien le realicé una nota hace unos meses. En su manifiesto quise resumir la simpleza, humildad y hombría de bien de una persona que supo representarnos en el mundo con un volante de madera en sus manos y en la época donde el piloto era mucho, pero mucho más importante que el auto.
Mañana Juan Manuel Fangio cumpliría 98 años. El Chueco fue uno de los deportistas más destacados del país. Reconocido en todo el mundo por sus proezas arriba de un auto de competición y por su don de gente, venerado por miles de fanáticos del automovilismo y recriminado por otros tantos por una supuesta complicidad con los militares en la última dictadura militar, el Quíntuple sin dudas fue uno de los personajes del siglo XX.
Muchos lo han comparado con otros corredores; no hay lugar para la comparación. Juan Manuel Fangio fue único. Su obra descansa en el Museo Fangio de Balcarce, ciudad natal, la cual mañana vivirá una fiesta recordándolo. Y bien merecida la tiene.