
En el “empeine” de la bota que es la provincia Santa Fe se encuentra el departamento de Caseros. Y una de sus localidades, a metros del cruce de la ruta nacional 178 con la provincial 14, es Bigand.
Con una población de poco más de 5.000 habitantes, la ciudad ubicada en el sudoeste santafesino siempre se destacó por la producción agrícola y por su posición estratégica, puesto que se emplaza a la vera de las vías del ferrocarril Belgrano, lazo importantísimo entre las ciudades portuarias de Rosario y Bahía Blanca y que la sitúa como una de las mejores ciudades logísticas del país.
Fundada el 15 de julio de 1909 por el hacendado productor agropecuario Víctor Bigand, el distrito rural fue creciendo de a poco gracias a las redituables cosechas de soja y a las rubicundas cabezas vacunas, principalmente. Tras la crisis de 2001, y junto al crecimiento que experimentó el campo, Bigand fue una de las principales productoras del “oro verde” que tanto castigó el Gobierno con sus impuestos y retenciones…
Pero lo más curioso de esta comarca es que la mayoría de sus hectáreas están arrendadas y ellas pertenecen –o pertenecían- a la última heredera de su fundador, María Mercedes Octavia Bigand, quien murió en abril de 2004 a los 93 años. Desde entonces, existe una puja judicial entre los trabajadores de los campos, familias que están asentadas desde los inicios del pueblo, y el administrador de la sucesión de la “señorita Bigand”, Luis Alaimo, quien quiere desalojar a los colonos y en tanto les embarga los bienes.
Según se calculó, los bienes del patrimonio ascenderían a más de 35.000.000 de dólares y el beneficio que brindan las tierras trabajadas anualmente a los 2.000.000 de pesos. Hace unos meses, y tras años de negación del fiduciario de darlo a conocer, se dilucidó el testamento de la hija menor de Bigand y en él figuraba su última voluntad: que un porcentaje de los recursos producidos por los arrendatarios sean destinados a una fundación que asista a entidades de educación, cultura y salud del pueblo.
Desde el fallecimiento de la sucesora, la fundación Honorio Bigand recibió más de 12.000.000 de pesos de los ruralistas pero la iglesia, el hogar de ancianos, la capilla, la escuela primaria y el Samco (Servicio para la Atención Médica de la Comunidad) recibieron poco menos de 950.000. ¿El resto?, habría que consultarlos al albacea y al juez interviniente en la causa, quien fue denunciado recientemente por irregularidades y mal desempeño de sus funciones por concederle a Alaimo la equivalencia de 11 años de réditos de los campos en concepto de honorarios…
Con una población de poco más de 5.000 habitantes, la ciudad ubicada en el sudoeste santafesino siempre se destacó por la producción agrícola y por su posición estratégica, puesto que se emplaza a la vera de las vías del ferrocarril Belgrano, lazo importantísimo entre las ciudades portuarias de Rosario y Bahía Blanca y que la sitúa como una de las mejores ciudades logísticas del país.
Fundada el 15 de julio de 1909 por el hacendado productor agropecuario Víctor Bigand, el distrito rural fue creciendo de a poco gracias a las redituables cosechas de soja y a las rubicundas cabezas vacunas, principalmente. Tras la crisis de 2001, y junto al crecimiento que experimentó el campo, Bigand fue una de las principales productoras del “oro verde” que tanto castigó el Gobierno con sus impuestos y retenciones…
Pero lo más curioso de esta comarca es que la mayoría de sus hectáreas están arrendadas y ellas pertenecen –o pertenecían- a la última heredera de su fundador, María Mercedes Octavia Bigand, quien murió en abril de 2004 a los 93 años. Desde entonces, existe una puja judicial entre los trabajadores de los campos, familias que están asentadas desde los inicios del pueblo, y el administrador de la sucesión de la “señorita Bigand”, Luis Alaimo, quien quiere desalojar a los colonos y en tanto les embarga los bienes.
Según se calculó, los bienes del patrimonio ascenderían a más de 35.000.000 de dólares y el beneficio que brindan las tierras trabajadas anualmente a los 2.000.000 de pesos. Hace unos meses, y tras años de negación del fiduciario de darlo a conocer, se dilucidó el testamento de la hija menor de Bigand y en él figuraba su última voluntad: que un porcentaje de los recursos producidos por los arrendatarios sean destinados a una fundación que asista a entidades de educación, cultura y salud del pueblo.
Desde el fallecimiento de la sucesora, la fundación Honorio Bigand recibió más de 12.000.000 de pesos de los ruralistas pero la iglesia, el hogar de ancianos, la capilla, la escuela primaria y el Samco (Servicio para la Atención Médica de la Comunidad) recibieron poco menos de 950.000. ¿El resto?, habría que consultarlos al albacea y al juez interviniente en la causa, quien fue denunciado recientemente por irregularidades y mal desempeño de sus funciones por concederle a Alaimo la equivalencia de 11 años de réditos de los campos en concepto de honorarios…

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