
Era una cuenta pendiente conocer Ushuaia. Y tras un año de laburo y de ahorrar pesito por pesito, pude darme el gusto de descubrirla.
Ushuaia, además de ser la capital de Tierra del Fuego, es la ciudad más austral del mundo. Esto quiere decir que es la metrópoli situada más al sur no sólo del continente americano sino del planeta. De ahí el enunciado “Fin del mundo”.
Con una actividad portuaria importante, por tener a pocos kilómetros la fusión de los océanos Atlántico y Pacífico, y con un clima sumamente cambiante en donde se pueden presenciar las cuatro estaciones en apenas unas horas, los fueguinos -alrededor de 75.000 de acuerdo al último censo- están curtidos a una forma de vida bastante particular para cualquier forastero. En verano, los días duran casi 18 horas (comienza a anochecer a las 23 y a las 5 el sol ya asoma) y pese a la época estival, rara vez la temperatura supera los 20ºC. Y cuando el helado viento austral sopla sobre la isla, no alcanzan los polar ni las camperas para paliarlo. Doy fe.
No es novedad que nuestra Patagonia encierra tesoros paisajísticos e históricos inigualables. Y tener la suerte de revelarlos en vacaciones, con el tiempo y la tranquilidad necesaria, es impagable. Pude recorrer Ushuaia de punta a punta en auto y conocer el conflictivo Canal de Beagle embarcado. Tuve la fortuna de que me tocara un hermoso día para subir en aerosilla al cerro Martial y escalar hasta el glaciar homónimo. Conocí el famoso presidio que forjó la ciudad en los albores del siglo XX. Recorrí en el Tren del Fin del mundo el trayecto que hacían los presos para trabajar y pisé la tierra en donde vivían los yámanas, el pueblo indígena de la Isla Grande. Fui hasta Bahía Lapataia, lo que es literalmente el fin del mundo: kilómetro 3079 de la ruta nacional 3. Llegué hasta los lagos Escondido y Fagnano, reservorios de agua dulce enmarcados por montañas y bosques de lenga que son dignos escenarios para postales. En fin, en pocos días pude cumplir uno de mis anhelos.
Para indagar un poco más en esta maravilla situada en el confín del mundo, la semana que viene visitaremos uno de los sitios históricos con los que cuenta la ciudad y que fue el inicio de todo: la prisión.
Ushuaia, además de ser la capital de Tierra del Fuego, es la ciudad más austral del mundo. Esto quiere decir que es la metrópoli situada más al sur no sólo del continente americano sino del planeta. De ahí el enunciado “Fin del mundo”.
Con una actividad portuaria importante, por tener a pocos kilómetros la fusión de los océanos Atlántico y Pacífico, y con un clima sumamente cambiante en donde se pueden presenciar las cuatro estaciones en apenas unas horas, los fueguinos -alrededor de 75.000 de acuerdo al último censo- están curtidos a una forma de vida bastante particular para cualquier forastero. En verano, los días duran casi 18 horas (comienza a anochecer a las 23 y a las 5 el sol ya asoma) y pese a la época estival, rara vez la temperatura supera los 20ºC. Y cuando el helado viento austral sopla sobre la isla, no alcanzan los polar ni las camperas para paliarlo. Doy fe.
No es novedad que nuestra Patagonia encierra tesoros paisajísticos e históricos inigualables. Y tener la suerte de revelarlos en vacaciones, con el tiempo y la tranquilidad necesaria, es impagable. Pude recorrer Ushuaia de punta a punta en auto y conocer el conflictivo Canal de Beagle embarcado. Tuve la fortuna de que me tocara un hermoso día para subir en aerosilla al cerro Martial y escalar hasta el glaciar homónimo. Conocí el famoso presidio que forjó la ciudad en los albores del siglo XX. Recorrí en el Tren del Fin del mundo el trayecto que hacían los presos para trabajar y pisé la tierra en donde vivían los yámanas, el pueblo indígena de la Isla Grande. Fui hasta Bahía Lapataia, lo que es literalmente el fin del mundo: kilómetro 3079 de la ruta nacional 3. Llegué hasta los lagos Escondido y Fagnano, reservorios de agua dulce enmarcados por montañas y bosques de lenga que son dignos escenarios para postales. En fin, en pocos días pude cumplir uno de mis anhelos.
Para indagar un poco más en esta maravilla situada en el confín del mundo, la semana que viene visitaremos uno de los sitios históricos con los que cuenta la ciudad y que fue el inicio de todo: la prisión.

3 comentarios:
muy buena la nota amigo
armate otrs que quiero leerlas
abrazo Martin
Tené cuidado con la carcel, a ver si no quedás ahí, un abrazo y buen viaje, Diegazo...
Bahía La Pataia.. uno de los lugares más lindos de la Argentina! Muy buen artículo. Un abrazo!!!
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