martes 2 de diciembre de 2008

La emisaria


Entre todas las atracciones arquitectónicas que posee la ciudad de Salta, hay una que llama la atención por su hermetismo y detalles coloniales: el Convento San Bernardo.

Situado en la intersección de las calles Caseros y Santa Fe, es la más antigua de las construcciones religiosas (data del siglo XVI) que componen el casco fundacional junto a la basílica de San Francisco y la Catedral. Un gran portal de algarrobo flanqueado por columnas que sostienen el dintel resalta en el blanco y largo paredón del frente.

Adentro es… no sé, porque no pude ingresar. Los particulares horarios de apertura del santuario no me permitieron saber cómo era en su interior. Un cartelito indicaba: “Lunes a sábados de 6:30 a 8:30. Rezo del Santo Rosario 07:45. Domingos: 8:00 y 10:30. Misa: 7:45. Finalizada la Misa, se cierra la Capilla”. Al lado había otro más chiquito que anunciaba: “Para mensajes de la Inmaculada Madre, consulte en la otra puerta”.

La abadía hoy está a cargo de las Carmelitas Descalzas de Salta, y ellas son las encargadas de “distribuir” los mensajes que la Virgen María le confiere a María Livia, una señora que dice ver y oír a la Madre de Dios desde el 9 de julio de 2001, cuando estaba rezando el rosario en su santuario…

Más allá de las creencias, lo más llamativo de este caso es que todos los sábados, miles y miles de personas asisten al cerro a orar y recibir la “bendición” de la mensajera, quien mientras ruega por los peregrinos y sus familias toca con su mano derecha a cada uno de ellos. Este acercamiento hace que muchos se desplomen y queden por algunos minutos con los ojos cerrados en el piso.

Este fenómeno aún no tiene explicación científica, y quizás nunca la tenga. La iglesia autorizó en 1997 a difundir los mensajes de la Virgen a Livia pero nunca emitió una opinión sobre los desmayos, como así tampoco manifestó si las apariciones eran fehacientes o no. La única dilucidación que existe son los más de 200 testimonios y pruebas de sanaciones de los fieles que vivieron la experiencia, los cuales se encuentran celosamente guardados en el interior del convento.