martes 9 de diciembre de 2008

El paraíso curado


Hace unos días, un amigo estaba buscando un sitio tranquilo para irse de vacaciones y le recomendé San Rafael, Mendoza. Y más allá de los puntos tradicionales turísticos de la zona (las bodegas, el cañón del Atuel y sus múltiples pasatiempos), hice hincapié para que fuera a disfrutar de un lugar paradisíaco un poco más alejado de la ciudad: Villa El Nihuil.

A 75 kilómetros del centro sanrafaelino, el paraje de poco más de 600 habitantes se destaca por el gran espejo de agua de 9.600 hectáreas. Sin correntadas porque es un embalse, el lago es ideal para practicar deportes náuticos, nadar un rato o tirar la línea y divertirse con la pesca deportiva.

Hoy el consejo vale la pena porque todo regresó a la normalidad y los lugareños retomaron sus ritmos de vida, pero cuando yo fui no era el mejor momento para conocer El Nihuil ni realizar esas actividades porque estaban prohibidas…

En los primeros días de febrero de 2004, empujado por la afición a la pesca, me acerqué a uno de los baqueanos que se encontraba, caña en mano, en la orilla del lago: “¿Hay pique?”, le pregunté; “Estamos complicados… Mire”, me contestó levantando las cejas y apuntando su mirada hacia un pequeño estuario. Allí flotaban cientos de pejerreyes y percas en su mayoría, y alguna que otra trucha. Ese sería el comienzo de un problema que tuvo en vilo por meses a todo el pueblo y a las autoridades municipales, encargados de potabilizar el agua que bebían.

Al principio se pensó que la causa de la muerte de las especies era por contaminación de la central hidroeléctrica que abastece de energía a gran parte de la región, lo que hubiese sido un desastre ecológico de consideración. Sin embargo, y tras numerosos estudios ambientales donde se tomaron muestras del agua, los especialistas comprobaron que un parásito -potenciado por hongos y bacterias- se depositaba en la lama debido al estancamiento del agua y atacaba directamente a las branquias de los peces.

Con un plan de limpieza que ideó la misma empresa Hinisa, que succiona las algas y depósitos orgánicos del fondo, el lago hoy está volviendo a tener los parámetros de Ph normales, que en este caso no se había incrementado por la contaminación industrial sino por una infección orgánica.