martes 18 de noviembre de 2008

El viento que todo empuja


Tres veces viajé en avión en mi vida, y fue la segunda experiencia la que me dio razones suficientes para tratar de evitar los traslados por aire. En marzo de 2007 tuve que cubrir una carrera de TC2000 en Comodoro Rivadavia y la verdad, las casi dos horas de vuelo contorneando el territorio nacional es imperdible observando las distintas fallas geográficas que conforman un paisaje único.

Sin embargo, cuando la aeronave comienza a acercarse a la ciudad chubutense el viento patagónico se hace sentir. “Es común que se mueva así”, comentó una de las azafatas con tono tranquilizador mientras parecía que estábamos en el eje de un sube y baja. Al arribar (gracias a Dios), me enteré que Comodoro es denominada la Capital del viento…

Las distintas corrientes ventosas de la Patagonia multiplican su velocidad e intensidad en la zona por las diferentes cadenas de cerros, que actúan como canales de aire. El Chenque, uno de los más importantes, custodia a la ciudad en la que habitan 150.000 personas y cuya actividad principal se centra en la explotación de petróleo.

A 17 kilómetros de la metrópoli se emplaza otro de los collados más importantes del lugar: el Arenales. En su cima, a poco más de 400 metros sobre el nivel del mar, están en pie 26 molinos de viento que conforman el Parque eólico “Antonio Morán”, en honor al primer intendente de la ciudad. Cada artefacto tiene 45 metros de largo, sus aspas 23 y el funcionamiento de estos es automático mediante una central computarizada. Dependerá de la intensidad de las ráfagas si funcionan todos al mismo tiempo o no.

Con la implementación de estos aerogeneradores (los primeros se colocaron en 1994), los cuales producen una energía “limpia” de 41 millones de KWh al año, se ahorra el equivalente a 5.160 toneladas de petróleo y 5.900.000 de metros cúbicos de gas natural, lo que se traduce en 39.100 toneladas de anhídrido carbónico menos en el aire y contaminación cero.

Por eso, más allá del suplicio que fue aterrizar en suelo comodorense y vivenciar el tambaleo también en el despegue, me alegré al saber que ese viento que nos hace sufrir a algunos es muy beneficioso para otros y su medio ambiente.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buena la nota, no tenia idea que habia molinos de viento en Argentina. Nos vemos amigo y vamos con mas sorteos.
tu amigo de los rosecitos. cuac !!