
Ni bien se toma la ruta 22, el Alto Valle de Río Negro dice presente. Las quintas, o chacras, como prefieren llamarlas sus habitantes, sirven de decorado con sus variados colores para el viajero que disfruta de la Patagonia. La zona es propicia para la plantación y el cultivo de diversos frutos, y ello se debe porque en 1899 se construyó el Dique Ballester, que aseguró el riego de las tierras.
Desde Neuquén, capital de la provincia homónima, hasta Villa Regina, el paisaje está compuesto por fincas llenas de durazneros, perales, parras. Sin embargo, la vedette de la región es la manzana, que, según manifiestan los expertos, está entre las mejores del mundo. De ahí que desde 1942 se realiza todos los mediados de febrero la Fiesta Nacional de la Manzana en General Roca.
Pero eso no es todo. El fruto estrella hasta tiene un monumento en pleno centro de esa ciudad. En la intersección de la Avenida Roca e Isidro Lobos, la obra del escultor Martín Frullani (foto) sobresale por su brilloso acero inoxidable y la hermosura de su diseño. Con la figura, inaugurada en febrero de 2006, el artista no sólo quiso representar al símbolo regional sino también el progreso y crecimiento.
La escultura, que en un principio iba a ser construida en cemento, Frullani finalmente decidió erigirla en metal en un taller metalúrgico de Villa Regina, donde ya se había elaborado una manzana similar que hoy se encuentra en la entrada del pueblo. Y la cual posee una risueña historia…
En 1964, los obreros comenzaron a armarla en uno de los galpones de la fábrica y se había planificado que, una vez terminada, se sacaría parte del techo y mediante un helicóptero del Ejército la depositarían en la intersección de la ruta con la avenida Belgrano. Pero cuando concluyeron los trabajos, la Fuerza Aérea no pudo disponer de la aeronave y por la magnitud de la escultura, las puertas del taller qudaron pequeñas.
Después de varios días de pensar en cómo liberar a la Gran Manzana, no quedó otra que derribar una de las paredes del depósito y la casa del frente…
Desde Neuquén, capital de la provincia homónima, hasta Villa Regina, el paisaje está compuesto por fincas llenas de durazneros, perales, parras. Sin embargo, la vedette de la región es la manzana, que, según manifiestan los expertos, está entre las mejores del mundo. De ahí que desde 1942 se realiza todos los mediados de febrero la Fiesta Nacional de la Manzana en General Roca.
Pero eso no es todo. El fruto estrella hasta tiene un monumento en pleno centro de esa ciudad. En la intersección de la Avenida Roca e Isidro Lobos, la obra del escultor Martín Frullani (foto) sobresale por su brilloso acero inoxidable y la hermosura de su diseño. Con la figura, inaugurada en febrero de 2006, el artista no sólo quiso representar al símbolo regional sino también el progreso y crecimiento.
La escultura, que en un principio iba a ser construida en cemento, Frullani finalmente decidió erigirla en metal en un taller metalúrgico de Villa Regina, donde ya se había elaborado una manzana similar que hoy se encuentra en la entrada del pueblo. Y la cual posee una risueña historia…
En 1964, los obreros comenzaron a armarla en uno de los galpones de la fábrica y se había planificado que, una vez terminada, se sacaría parte del techo y mediante un helicóptero del Ejército la depositarían en la intersección de la ruta con la avenida Belgrano. Pero cuando concluyeron los trabajos, la Fuerza Aérea no pudo disponer de la aeronave y por la magnitud de la escultura, las puertas del taller qudaron pequeñas.
Después de varios días de pensar en cómo liberar a la Gran Manzana, no quedó otra que derribar una de las paredes del depósito y la casa del frente…
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