martes 21 de octubre de 2008

Guardianes de alta mar


Miles y miles de personas circulan cada verano por la zona portuaria de Mar del Plata. Las fotografías de los barquitos amarillos desde la Banquina de los Pescadores, de los lobos marinos y de los barcos abandonados sobre la escollera Sur son las típicas postales que los visitantes se llevan en sus cámaras.

El puerto marplatense es el principal pesquero del país y reúne al 60% total de la producción de la actividad en Argentina. Y esas naves ambarinas, de madera chirriante y que parecen endebles a simple vista, ofrecen trabajo a los artesanos de la pesca, quienes zarpan en un grupo de entre 5 y 7 hombres antes de que el sol se agigante por el Atlántico y una vez a 15 millas de la costa, se empeñan en capturar mariscos, corvinas, pejerreyes, anchoitas, camarones y todos las variedades que puedas encontrar en la carta de Chichilo o en los productos enlatados de los supermercados.

Pero todo trabajo tiene su recompensa. En el caso de los habitantes de estas embarcaciones no es, digamos, económico –la mayor ganancia se la llevan las grandes empresas que los contratan-, sino que su resarcimiento y distracción es anual con la organización de la Fiesta de los Pescadores.

Por más de una semana, todos los días de 11 a 2, en una carpa gigante el público puede degustar platos que los mismos pescadores cocinan con los frutos marinos que recogen, disfrutar de números musicales y de un paseo de compras con artesanías y productos regionales. En la clausura de la celebración, con todas las pompas, se elige a la Reina de los Pescadores.

Entonces acordate: si andás por Mardel en enero, date una vuelta por el puerto que la vas a pasar bien.