
En el medio del camino entre las ciudades mendocinas de Uspallata y Las Cuevas, a la vera de la ruta nacional 7, se ubica el Puente del Inca, una formación geológica tan majestuosa como curiosa.
Emplazado a 2.750 metros sobre el nivel del mar y al pie de la Cordillera, este monumento natural de color ocre (por el azufre reinante de la zona) congrega a turistas de todo el mundo que observan su magnificencia y tratan de alcanzar de algún modo alguna de las tantas vertientes de aguas termales que existen en el lugar.
Hasta hace uno años, el público podía descender por las pasarelas peatonales que se habían construido y llegar hasta lo que quedó del Hotel Puente del Inca, una posada que se construyó en 1925 y a la que acudían las personalidades más importantes y acaudaladas del país para bañarse en las fuentes termales que poseían cada habitación. Sin embargo, 40 años después de su apertura, un alud de nieve lo destruyó y sólo quedaron en pie los cuartos inferiores.
En 2003 tuve la suerte de poder bajar a esas piezas, mojarme la cara con el agua (la vertiente aflora a la superficie a 35º C) y quedarme maravillado con las estalactitas que se formaron en los techos. Hoy la excursión está prohibida por la cantidad de visitantes que perdieron la vida al caer en el río…
La denominación deviene por la leyenda de un Gran Jefe inca, cuyo hijo padecía una grave enfermedad y no existía cura que lo mejorara. Un día, le dijeron que en tierras del sur había un sitio en donde aguas curativas hacían milagros, y sin dudarlo, conformó un grupo de guerreros que lo acompañaron en la travesía. Una vez al pie de la Cordillera, y tras varios meses de viaje, el cacique arribó con su primogénito moribundo en brazos. Al ver dichas aguas que emergían de la tierra se sorprendió, pero también se preocupó porque estaban del otro lado de un caudaloso río.
De aquí se desprenden dos finales para esta historia: el primero, indica que en ese momento el cielo se ennegreció, el suelo comenzó a temblar a la vez que rocas gigantes cayeron de la cima para crear el viaducto. El segundo, cuenta que ante esa desesperante situación, sus soldados ni lo dudaron y se abrazaron unos con otros para formar un puente que le permitiera a su jefe llegar a la otra orilla, quien una vez formada la pasarela humana caminó sobre sus espaldas y bañó al niño con el líquido milagroso. La sanación fue instantánea. Cuando se incorporó para agradecerle a su ejército, los hombres yacían petrificados por la alta dosis de sales minerales de las aguas…
Emplazado a 2.750 metros sobre el nivel del mar y al pie de la Cordillera, este monumento natural de color ocre (por el azufre reinante de la zona) congrega a turistas de todo el mundo que observan su magnificencia y tratan de alcanzar de algún modo alguna de las tantas vertientes de aguas termales que existen en el lugar.
Hasta hace uno años, el público podía descender por las pasarelas peatonales que se habían construido y llegar hasta lo que quedó del Hotel Puente del Inca, una posada que se construyó en 1925 y a la que acudían las personalidades más importantes y acaudaladas del país para bañarse en las fuentes termales que poseían cada habitación. Sin embargo, 40 años después de su apertura, un alud de nieve lo destruyó y sólo quedaron en pie los cuartos inferiores.
En 2003 tuve la suerte de poder bajar a esas piezas, mojarme la cara con el agua (la vertiente aflora a la superficie a 35º C) y quedarme maravillado con las estalactitas que se formaron en los techos. Hoy la excursión está prohibida por la cantidad de visitantes que perdieron la vida al caer en el río…
La denominación deviene por la leyenda de un Gran Jefe inca, cuyo hijo padecía una grave enfermedad y no existía cura que lo mejorara. Un día, le dijeron que en tierras del sur había un sitio en donde aguas curativas hacían milagros, y sin dudarlo, conformó un grupo de guerreros que lo acompañaron en la travesía. Una vez al pie de la Cordillera, y tras varios meses de viaje, el cacique arribó con su primogénito moribundo en brazos. Al ver dichas aguas que emergían de la tierra se sorprendió, pero también se preocupó porque estaban del otro lado de un caudaloso río.
De aquí se desprenden dos finales para esta historia: el primero, indica que en ese momento el cielo se ennegreció, el suelo comenzó a temblar a la vez que rocas gigantes cayeron de la cima para crear el viaducto. El segundo, cuenta que ante esa desesperante situación, sus soldados ni lo dudaron y se abrazaron unos con otros para formar un puente que le permitiera a su jefe llegar a la otra orilla, quien una vez formada la pasarela humana caminó sobre sus espaldas y bañó al niño con el líquido milagroso. La sanación fue instantánea. Cuando se incorporó para agradecerle a su ejército, los hombres yacían petrificados por la alta dosis de sales minerales de las aguas…

2 comentarios:
amigo, despues del alud tambien quedo la iglesia, la cual no fuimos porque estabamos muy cansados.
Un abrazo y nos vemos
Martin
Sí amigo, pero se me iba mucho. La de la iglesia la dejamos para más adelante... Gracias por escribir. Diego
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