
Voy a hacerle caso a un amigo que me dijo “che, las maravillas del país también están en la gente…”. ¡Noooo, lejos estoy de escribir sobre Julio Cobos!, el “héroe” nacional por estas horas, sino que lo voy a hacer sobre una persona que tuve la suerte de entrevistar el año pasado y fue una de las notas que más disfruté realizar.
José Froilán González fue un piloto de autos de carreras con todas las letras. Comenzó a desarrollar la actividad por pasión y sin tener objetivos claros; sólo quería desatar esa efervescente adrenalina que inundaba su morrudo cuerpo. Cuando se subió por primera vez a un coche de competición no pensaba en ganar dinero, ni en llegar a la Fórmula 1 ni en ser amigo de Juan Manuel Fangio. Aunque con el tiempo logró eso y más.
“A la primera carrera que me acuerdo que fui fue en el año `32, cuando se mató Domingo Bucci, en Arrecifes, era chico, tenía diez años. Por esa época lo más cercano a un auto de carreras que tenía era un cajón, con ruedas de madera que las hacíamos con las tapas de los tarros de yerba, y el motor era mi perro Sangre; lo ataba al carrito y él me llevaba, hasta que un día se le cruzó una liebre… ¡Ay Dios!, me tuvieron que sacar de entre medio de los alambres de púa”.
“En el `39 mi familia me mandó a Buenos Aires al colegio San Carlos. Un día me invitaron a jugar al fútbol a Bernal y en vez de volver al colegio me fui para la casa de mi tía, que era mi tutora. A la semana me vino a buscar mi papá y me llevó para Arrecifes, a trabajar al taller de mi tío. A veces cuando él no estaba, ponía el auto de carreras en marcha, porque él no me dejaba. Al año siguiente, el 14 de diciembre de 1940, mi tío se mata en una carrera, entonces hablar de coches de carrera en mi casa era imposible. Por eso yo empecé a correr recién en el `46 en Turismo Carretera”.
“En la primera en Fuerza limitada, con Chevrolet, me puse el seudónimo de Canuto, que fue en Carmen de Areco. Y en la segunda, que fue en Arrecifes, me puse Montemar. Un día estábamos a punto de almorzar con mi papá, mi mamá y mis hermanos, mi papá estaba leyendo el diario y me dice, `Pepe, ¿quién es este Canuto?´, `qué sé yo papá, hay tantos locos acá en Arrecifes´, le contesté. Y como en el pueblo ya había un poco de bochinche y me parecía que le estaban alcahueteando al viejo, dije voy a cambiarme el nombre, y me puse Montemar.
Vuelvo a ganar y otra vez papá ve el diario, y otra vez con la frasecita `no sé papá, hay tantos locos en Arrecifes…´. Cuando se enteró me echó de la casa”.
A los 85 años, el Cabezón recuerda como si fuera hoy sus inicios, las alegrías, las tristezas, las historias y anécdotas. Y es un placer escucharlo. Una maravilla.
José Froilán González fue un piloto de autos de carreras con todas las letras. Comenzó a desarrollar la actividad por pasión y sin tener objetivos claros; sólo quería desatar esa efervescente adrenalina que inundaba su morrudo cuerpo. Cuando se subió por primera vez a un coche de competición no pensaba en ganar dinero, ni en llegar a la Fórmula 1 ni en ser amigo de Juan Manuel Fangio. Aunque con el tiempo logró eso y más.
“A la primera carrera que me acuerdo que fui fue en el año `32, cuando se mató Domingo Bucci, en Arrecifes, era chico, tenía diez años. Por esa época lo más cercano a un auto de carreras que tenía era un cajón, con ruedas de madera que las hacíamos con las tapas de los tarros de yerba, y el motor era mi perro Sangre; lo ataba al carrito y él me llevaba, hasta que un día se le cruzó una liebre… ¡Ay Dios!, me tuvieron que sacar de entre medio de los alambres de púa”.
“En el `39 mi familia me mandó a Buenos Aires al colegio San Carlos. Un día me invitaron a jugar al fútbol a Bernal y en vez de volver al colegio me fui para la casa de mi tía, que era mi tutora. A la semana me vino a buscar mi papá y me llevó para Arrecifes, a trabajar al taller de mi tío. A veces cuando él no estaba, ponía el auto de carreras en marcha, porque él no me dejaba. Al año siguiente, el 14 de diciembre de 1940, mi tío se mata en una carrera, entonces hablar de coches de carrera en mi casa era imposible. Por eso yo empecé a correr recién en el `46 en Turismo Carretera”.
“En la primera en Fuerza limitada, con Chevrolet, me puse el seudónimo de Canuto, que fue en Carmen de Areco. Y en la segunda, que fue en Arrecifes, me puse Montemar. Un día estábamos a punto de almorzar con mi papá, mi mamá y mis hermanos, mi papá estaba leyendo el diario y me dice, `Pepe, ¿quién es este Canuto?´, `qué sé yo papá, hay tantos locos acá en Arrecifes´, le contesté. Y como en el pueblo ya había un poco de bochinche y me parecía que le estaban alcahueteando al viejo, dije voy a cambiarme el nombre, y me puse Montemar.
Vuelvo a ganar y otra vez papá ve el diario, y otra vez con la frasecita `no sé papá, hay tantos locos en Arrecifes…´. Cuando se enteró me echó de la casa”.
A los 85 años, el Cabezón recuerda como si fuera hoy sus inicios, las alegrías, las tristezas, las historias y anécdotas. Y es un placer escucharlo. Una maravilla.


