
Una vez que se está en El Chaltén, hay que dejar el auto en el estacionamiento del hotel y planificar una de las tantas caminatas que se pueden hacer.
Es recomendable, y casi una obligación, antes que nada pasar por la casilla de los guarparques en la entrada de la ciudad e informarse sobre las distintas expediciones que se pueden hacer, qué grado de dificultad tiene cada una, cuál es el tiempo estimado para hacerlas y qué elementos habría que llevar para no vivenciar una mala experiencia.
Para uno que está acostumbrado a hacer minitrekking solamente en las vacaciones, el sendero al cerro Torre era todo un desafío, porque tanto los guardaparques como el cartel que está en el inicio de la travesía coinciden en que el recorrido de 11 kilómetros hasta el pie de la montaña, el lago y el glaciar homónimo tiene una duración de tres horas…
Con una botella de agua de dos litros en la mochila emprendí la aventura que no sabía si iba a poder completar. Primero hay que sortear una trepada que deposita en un bosque de ñires muy pintoresco, y si bien la subida es pronunciada en los primeros metros debe hacerse sin apuro. Después de una hora de ascender y descender se arriba a un llano con arbustitos. A lo lejos, al pie de una cadena montañosa muy tupida de vegetación, lo único que se oye es el río Fitz Roy.
A medida que se continúa por el sendero demarcado, el ruido del caudaloso torrente se va acrecentando hasta llegar a una de sus orillas. Ahí el camino empieza a pesar, no sólo porque ya tenemos dos horas de marcha sino por el terreno rocoso e inestable. Igual, hay que continuar. Sólo un kilómetro falta para uno de los paisajes más increíbles y apacibles que puedan descubrir.
Por eso una vez frente al cerro, laguna y glaciar Torre se hace difícil pegar la vuelta… Por la paz que uno encuentra y por las dos horas y media de regreso.
Es recomendable, y casi una obligación, antes que nada pasar por la casilla de los guarparques en la entrada de la ciudad e informarse sobre las distintas expediciones que se pueden hacer, qué grado de dificultad tiene cada una, cuál es el tiempo estimado para hacerlas y qué elementos habría que llevar para no vivenciar una mala experiencia.
Para uno que está acostumbrado a hacer minitrekking solamente en las vacaciones, el sendero al cerro Torre era todo un desafío, porque tanto los guardaparques como el cartel que está en el inicio de la travesía coinciden en que el recorrido de 11 kilómetros hasta el pie de la montaña, el lago y el glaciar homónimo tiene una duración de tres horas…
Con una botella de agua de dos litros en la mochila emprendí la aventura que no sabía si iba a poder completar. Primero hay que sortear una trepada que deposita en un bosque de ñires muy pintoresco, y si bien la subida es pronunciada en los primeros metros debe hacerse sin apuro. Después de una hora de ascender y descender se arriba a un llano con arbustitos. A lo lejos, al pie de una cadena montañosa muy tupida de vegetación, lo único que se oye es el río Fitz Roy.
A medida que se continúa por el sendero demarcado, el ruido del caudaloso torrente se va acrecentando hasta llegar a una de sus orillas. Ahí el camino empieza a pesar, no sólo porque ya tenemos dos horas de marcha sino por el terreno rocoso e inestable. Igual, hay que continuar. Sólo un kilómetro falta para uno de los paisajes más increíbles y apacibles que puedan descubrir.
Por eso una vez frente al cerro, laguna y glaciar Torre se hace difícil pegar la vuelta… Por la paz que uno encuentra y por las dos horas y media de regreso.

